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El precio de lo gratuito

Es muy habitual pensar que, en Internet y en nuestros smartphones, tenemos a nuestra disposición una gran cantidad de servicios y aplicaciones gratuitas.

Cierto es que no pagamos un solo €uro por estos servicios (Facebook, Whatsapp, Google, Skype, Wallapop, …). Entonces, ¿de qué viven todas estas empresas? La respuesta que todos me daréis es “de la publicidad” y, si bien es cierto que estas empresas tienen sus ingresos económicos de la publicidad, el “producto” que éstas empresas venden a las grandes corporaciones publicitarias es lo que realmente estamos pagando nosotros: nuestra PRIVACIDAD.

Cada vez que navegamos por Internet (o utilizamos nuestros teléfonos inteligentes) estamos dejando un rastro de todo lo que hacemos. No se trata de magia ni de una compleja ciencia, simplemente todo lo que hacemos se va guardando y archivando en grandes bases de datos.

Todos estos datos son procesados mediante algoritmos más o menos complejos para crear un “perfil de usuario” que puede llegar a ser realmente preciso.

Este perfil nos modela digitalmente de tal manera que, navegando por un simple periódico, nos mostrará anuncios de cosas que nosotros queremos o estamos interesados en ellas, o accesorios para lo que acabamos de comprar… y esto no termina aquí: famosas páginas de viajes ofrecen precios distintos en función de quién esté navegando. Si demostraste que tienes más recursos económicos, te cobrarán más, así de simple.

¿Y cómo recolectan estos datos?

Pues cada vez que navegamos por Amazon buscando (o comprando) cualquier cosa, o entramos en artículos relacionados con una temática concreta, o damos un “me gusta” en Facebook, o mostramos a nuestros amigos el maravilloso hotel en el Caribe en el que nos alojamos, o nos apuntamos a un juego gratuito, o damos nuestra ubicación geográfica en tiempo real … vamos regalando un pedacito de nosotros a estas corporaciones.

Cuando nos registramos en muchos de estos servicios estamos ACEPTANDO una serie de condiciones en las que damos permiso para que todos estos datos se guarden, quedando en una “pataleta” los típicos mensajes en Facebook de “…con este mensaje declaro que Facebook no se quede con nada mío…”

No obstante, aunque no seamos usuarios de estas redes sociales, éstas nos rastrearán (sin nombre y apellidos, pero lo harán) ya que muchos sitios usan servicios de estas redes sociales.

El tipo de información que vamos dando no sólo es relativa a servicios y productos, sino también a tus enfermedades (he consultado una página sobre Cáncer porque mi padre está enfermo), o tu estado familiar (empiezo a consultar cosas de bebés, altamente probable que esté esperando un hijo), … esta información sabemos que se vende para publicidad, pero también puede ser comprada/usada por las corporaciones para saber el estado de salud de sus empleados (o futuros candidatos).

También es importante destacar que lo que publicas sobre tus hijos en las redes sociales puede repercutir en el futuro de tu hijo. Ya en la actualidad, cuando buscas un trabajo, los departamentos de recursos humanos consultan las redes sociales para saber más detalles de la vida privada de sus candidatos.

No quiero decir que no se usen estas herramientas y servicios, pero sí que seamos conscientes de lo que hacemos y el “precio” que pagamos por ello.

Desde mi humilde punto de vista, el precio de lo gratuito es demasiado elevado.

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